(ESPECIAL) El diputado Ricardo Monreal Ávila, coordinador del Grupo Parlamentario de Morena y presidente de la Junta de Coordinación Política, señaló que el Mundial de Futbol nos da la oportunidad de reconocernos como integrantes de un pueblo que aún sabe emocionarse unido. México volvió a mirarse a sí mismo con entusiasmo, descubriendo que todavía existen motivos para celebrar en colectivo.
En el artículo “Júbilo”, publicado en sus redes sociales, Monreal Ávila indicó que “existen acontecimientos, como el Mundial de Futbol, que son capaces de borrar las diferencias. Entonces las calles se transforman, las plazas recuperan su bullicio y millones vuelven a sentirse parte de una misma conversación nacional.
“Más que un deporte, es la oportunidad de reconocernos como integrantes de un pueblo que aún sabe emocionarse unido”.
Agregó que este Mundial nos vuelve a recordar “esa capacidad, porque, más allá de los resultados, ha servido para despertar un sentimiento que permanece dormido entre la rutina y el ritmo acelerado de la vida diaria.
Monreal Ávila anotó que hay páginas que explican una manera de mirar el mundo. ‘“Cien años de soledad’ es de ese tipo. Allí, Gabriel García Márquez retrata a ‘Macondo’ como un lugar donde el júbilo colectivo tiene la fuerza suficiente para alterar el ritmo de la vida cotidiana.
“Basta la llegada del circo, de la música o de un invento desconocido para que el pueblo entero deje de lado sus preocupaciones y se entregue a la celebración, aunque sea por unas horas.
“Ese instante de felicidad compartida nunca es superficial. Ningún personaje celebra completamente solo: incluso quienes cargan con sus propias tragedias también encuentran en el júbilo colectivo un refugio momentáneo frente a la incertidumbre”.
Aseveró que en México conocemos bien esa sensación. No es la primera ocasión que un Mundial refleja el espíritu de su tiempo. En 1970, México aprovechó la oportunidad para presentarse como una nación que aspiraba a la modernidad. Aquel campeonato proyectó la imagen de un país que buscaba abrirse paso entre las grandes naciones y que entendía el deporte como una ventana hacia el futuro.
En 1986, dijo, el contexto era completamente distinto, porque esa Copa del Mundo terminó convirtiéndose en una celebración de la capacidad del pueblo mexicano para levantarse de la adversidad. Los mismos ciudadanos y ciudadanas que habían removido escombros tras el terremoto de 1985, para rescatar vidas, llenaron los estadios, con la convicción de que la solidaridad también podía convertirse en esperanza.
Monreal Ávila aseveró que “los grandes acontecimientos deportivos funcionan como un espejo: si bien reflejan el nivel futbolístico de una selección, también muestran el estado de ánimo de todo un pueblo.
“Por eso, este Mundial dialoga además con el momento que vive el país. Después de años de gobiernos neoliberales que afirmaron que cambiar el rumbo de México era poco menos que imposible, la transformación iniciada en 2018 ha demostrado que las decisiones públicas sí pueden modificar la vida de millones de personas”.
